Auditoría silenciosa: cómo opera la fiscalización electrónica
En el entorno actual, la autoridad fiscal cuenta con herramientas tecnológicas que le permiten verificar el cumplimiento de los contribuyentes mediante el análisis y cruce de información.
Este modelo ha dado paso a una fiscalización electrónica permanente, en la que las revisiones pueden iniciar sin una notificación previa.
Bajo este esquema, la organización y consistencia de los datos adquieren un papel central para las empresas.
De revisiones tradicionales a análisis automatizado
Rafael Rubí, office managing partner Tijuana en Grant Thornton, señaló durante el webinar Auditoría silenciosa: la fiscalización ya inició, que aunque no te hayan notificado, que la forma en que la autoridad realiza auditorías ha cambiado.
Anteriormente, las inspecciones se llevaban a cabo de manera presencial o mediante solicitudes específicas de información sobre periodos determinados. Hoy la fiscalización se basa en los datos que los propios contribuyentes envían de forma electrónica.
Este cambio ha sido impulsado por el uso de algoritmos y herramientas que permiten analizar grandes volúmenes de datos de forma continua.
El fisco puede revisar a los contribuyentes en cualquier momento, sin necesidad de acudir físicamente a las empresas, y detectar posibles inconsistencias a partir de patrones.
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El cruce de información y las inconsistencias
La fiscalización electrónica se construye a partir de múltiples fuentes que se encuentran interconectadas. Entre ellas se incluyen los comprobantes fiscales digitales, la contabilidad electrónica, las declaraciones y los registros de comercio exterior, entre otras.
El CFDI funciona como punto de partida en este proceso. A partir de ahí, se cruzan los datos con el resto de las obligaciones. Cuando los datos no coinciden entre sí, se genera una alerta que puede derivar en una revisión más profunda.
En este modelo, el riesgo no se centra únicamente en el cumplimiento de las obligaciones, sino en la coherencia de lo que se reporta.
Las discrepancias entre datos pueden surgir en distintos puntos, como entre los ingresos reportados en CFDI y los declarados, o entre el IVA reportado y lo señalado en otras obligaciones.
Estas diferencias permiten a la autoridad identificar posibles irregularidades y construir perfiles de riesgo. Incluso cuando una empresa cumple con sus obligaciones, la falta de consistencia puede detonar revisiones.
El análisis de datos se realiza prácticamente en tiempo real. Desde el momento en que se genera la información, el SAT puede identificar discrepancias y dar seguimiento a su comportamiento a lo largo del tiempo. Esto le permite analizar periodos anteriores, detectar patrones y evaluar si existe un riesgo fiscal.
De esta manera, la fiscalización deja de ser un proceso posterior para convertirse en una supervisión continua.
Señales de alerta en las empresas
Dentro de este contexto, existen ciertos elementos que pueden funcionar como señales de alerta.
Entre ellos se encuentran la falta de actualización en la contabilidad electrónica, la ausencia de conciliación entre los sistemas de control de inventarios y los reportes fiscales, así como la omisión de plazos o el registro incompleto de operaciones.
Asimismo, las operaciones entre partes relacionadas sin soporte documental pueden generar inconsistencias que incrementen el nivel de riesgo.
Estas situaciones reflejan debilidades en el control interno y en la gestión de la información, lo que puede derivar en revisiones por parte de la autoridad.
La fiscalización electrónica ha modificado la forma en que se supervisa el cumplimiento fiscal, trasladando el enfoque hacia el análisis continuo.
La atención a las señales de alerta y el control de la información son factores clave para reducir riesgos.
Si quieres conocer más, consulta la grabación del webinar en este enlace.